miércoles, 14 de julio de 2010
Boquilla de Cartón
La Cisterna
Escribí renglones con la mierda que guardaba en mi almohada. El papel higiénico acumulado en el desagüe de mis problemas contaba las historias de una conciencia cansada de tanto trabajar. Un espíritu muerto colocaba los puntos y las comas. Era una fuente inagotable de historias desgarradoras protagonizadas por las dudas existenciales de mi cerebro. Era otro tiempo, otra actitud y la misma vida que llevo ahora.
Pero con el paso del tiempo, a cuestas con mi evolución, encontré perdida en altamar una cisterna vikinga fabricada en reluciente oro y llena de aguas esperanzadoras. Simplemente tuve que tirar de la cadena, y así, sin más, la mierda y el papel desaparecieron...
Desde entonces, asumo la dependencia. Me costaba enormemente andar solo. Como la tuerca y el tornillo, el sol y el amanecer, la espuma del mar, la sal y la arena. Como un sherpa y la montaña, como un perro y su ciego. Y me lo imagino todo eterno, entre colchones y sábanas: un paisaje de colores. Y de sabores. Una vida plena, familia y amigos. Una casa llena, mujer e hijos. Una mochila a cuestas, viajes y más viajes. Y perecer aprendiendo de ti y de mí, del resto.
l u i s c a
martes, 13 de julio de 2010
Una niña pasó a mi lado…
El día amaneció radiante. El tejado azul se iluminó con tenues pinceladas de sol que atravesaban la tierra y se perdían más abajo. En los labios del mundo pude leer una sonrisa, un beso y un “te quiero”. ¡Qué importaba el mañana si el mundo rebosaba entonces tanta luz! Debían enterrarse los pesares del ayer. Habíamos de volar alto; libres por fin de unas cadenas forjadas al abrigo de innumerables engaños. Sin embargo, ocurrió. Apenas si la vimos llegar. Cuando reaccionamos ya era demasiado tarde.
' · . . . . El cielo se vistió de negro, doliéndose en sus entrañas. La sangre brotó en nubarrones de ceniza. Sopló el viento, que avivó las llamas. De súbito, surgió la figura de una serpiente sin cabeza que articulaba, en su lugar, la mano de una mujer… balanceándose con melódico compás por entre la espesura gris. Un instante después, descendía furibunda hacia una muchedumbre sumida en lágrimas. Pobres hombres; inmóviles, sin salida. Esperando una señal del cielo que les condene por fin a no padecer más. La criatura no vaciló. Sus dedos deshicieron por entero las sonrisas, desnudaron cada beso para verlo morir de frío, y separaron para siempre a aquellos que vivían en un frágil “te quiero”.
…Todo fue un sueño y, sin embargo, juro que fue real.
La Vida es una joven consentida que disfruta con un juego que apenas conoce. Alguien debió darle las instrucciones equivocadas, o, sencillamente, jamás hubo regla alguna. Todo: los instantes en que huimos, las palabras que no supimos escoger bien, los silencios incómodos, y otros tantos desastres humanos, obedecen ciegamente al obsceno guiar de una mente fría, arraigada en los insensibles y deshumanizados páramos del infinito.
Ofrece a una niña un vestido nuevo y florecerá una princesa. Regálale el cuidado de los hombres y se creerá Dios.
Me duele saberme tan vacío, tan inútil y cobarde. Grito para no oírme por dentro. Hace mucho que perdí la palabra, mi palabra… Ahora hablo en nombre de otros. Cada día que pasa, parece más claro que camino por un sendero de ilusiones que me pierde sin remedio. Por el día espero agachado a que llegue la noche. Entonces, me castigo recordando el pasado, mientras suena la marcha fúnebre que alguien compuso para mí.
El niño observa desde la esquina cómo un anciano intenta cruzar la calle. De un salto, corre en su ayuda viendo los torpes gestos de aquel fosilizado espectro... Al llegar junto a él, se detiene y espera. Lo hará por siempre: el hombre ha muerto.
Ella puede ver… contempla todo y a todos. El resto vaga a oscuras por un terreno asesino que jamás oyó hablar del hogar. Como una niña, acaricia cada figura con delicado gesto. Desconoce por qué le fascinan esos ojos tan brillantes… tan vivos. Como una princesa, decide someterlos y los obliga a obedecer. Como un dios, resuelve acabar con un estúpido juguete que se pudre por desuso. Inventa el Tiempo, y deja que las horas eleven la agonía de los hombres hasta hacerles perder la razón.
Una niña pasó a mi lado y me pidió un vestido nuevo. Apenas si me detuve a escucharla… Seguí caminando y, a cada paso, se fue desvaneciendo el eco de su llanto.
sábado, 26 de junio de 2010
Un cielo gris anuncia tormenta
Decir que la rutina apesta a viejo no supone descubrimiento alguno. Que los viejos mueren apestados por tanta rutina resulta igualmente obvio. Ningún consejo nos librará de la muerte y lo más sensato es mirar para otro lado cuando se acerque el tren.
Lánzate al espacio humano y supera la barrera de la estupidez absoluta para creerte cuantas historietas seas capaz de tragar. Respira hondo y colócate sin medida con los efluvios pestilentes de la vida en sociedad. Quizás te sientas mareado. Se pasa enseguida. Somos una especie que se acostumbra a todo; a todo lo que huele mal. Así, verás pasar la vida sin sentido alguno, sin tiempo para respirar y con la perversa confusión de no saber si vienes o si vas. Pero ¿qué importa eso? Al fin y al cabo, nos criaron para morir y no para saber qué hacer con nuestra vida.
Pregunta al viento dónde nace y pregúntate a ti mismo a dónde van a morir los hombres, veréis que ambos venís del mismo sitio aunque jamás sabréis a dónde os dirigís.
Saborea el relámpago del destino, arrodillándote a los depravados designios de una deidad venida a menos, devaluada por el paso cruento de los años. Contémplala maravillado, y descubre al tiempo la Verdad: que no hay sonrisas en los niños, sino una mueca macabra que ignora el terrible final.
Escondido a la sombra de palabras proscritas, observo aterrado el mundo. Miro a través de la pequeña abertura de realidad que a veces olvida cerrar la vida. Sólo veo muerte y dolor, envidia y miedo. Veo a unos crecer y a otros, la mayoría, menguar. Todos igualmente perdidos.
Las calles huelen a azufre y un viejo esparce sus dientes por la acera. Más tarde muere, y un manto oscuro cubre su rostro. Se despide y nadie le devuelve su adiós.
Huiré donde no haya nadie para encontrar al fin compañía. Cuando llegue el momento, enterraré mis dientes bajo un árbol y dejaré que una brisa fresca cubra mi rostro mientras me despido, a solas, de un cielo gris que anuncia tormenta.
martes, 8 de junio de 2010
No te puedo dejar
He caído y ya no sé si podré parar,
he empezado y no creo que lo pueda dejar.
Estoy temblando y ya no sé frenar,
no puedo, no, no sé dejar de palpitar.
No sé donde voy, no sé si quiero o si me dejo llevar;
sonrío, pero quizás todo esto me acabe por matar.
Hace tiempo olvidé llorar
y cada vez que me acuerdo… no lo puedo dejar.
Hace tiempo di la espalda al punto y final
ahora todo son dudas
penas y miserias,
ojalá recuerde no desesperar.
Vengo dejándome alcanzar,
aún miro atrás y espero,
miro y confío,
aún fantaseo con que estás por llegar.
He mirado en mi interior,
donde se esconden el amor y el odio,
y no lo he podido dejar,
nunca antes vi mayor oscuridad.
Entre tanta sombra, entre tanta cruz,
he encontrado una pequeña primavera vestida de tú,
y ahora sé que cuando quiera encontrar una verdad
me bastará con tus ojos encontrar.
Y ahora que te conozco,
he caído y ya no sé si podré parar,
he empezado y no creo que lo pueda dejar.
Estoy temblando y ya no sé frenar,
no puedo, no, no sé dejar de palpitar.
A. B.
viernes, 4 de junio de 2010
Anoche
Las aves de paso se enorgullecen de su fortaleza en soledad. Olvidaron hace mucho dónde yacía su hogar, quiénes fueron sus amigos y a quién amaron en secreto. Viajan con la sola compañía del viento; su patria, todo el cielo.
Anoche dejé caer una lágrima que nadie vio. Apenas un leve susurro impactando contra el suelo. Observé cómo descendía… No era una gota salada sino yo mismo quien se desvanecía en aquella irremediable caída. Un proceso lineal, causa-efecto. Como un niño al despertar de una pesadilla… respira hondo, observa: está a salvo. Rompe las cadenas de la locura y regresa a este mundo insano.
Hay hombres que alzan la voz por un ideal de vida, algunos fanáticos que dan su vida por inmortales dioses, y otros, aún más ilusos, que desafían las leyes del mundo con banderas forjadas en su corazón. A todos los acaba curando el Tiempo. Los primeros consiguen un día su añorado deseo pero el mundo no cambia y siguen los llantos y los lamentos y el ideal futuro se torna un presente fracaso. Los segundos, de repente, desvelan por fin su gélida soledad, la inútil tarea de mirar al Cielo; una vida puesta al servicio de un mundo caótico, donde reina el azar y la voluntad del cruento poder. Los últimos llevan grabadas a fuego “Justicia” y “Libertad”, pero su corazón ya ha vivido demasiado y está harto de creer en quimeras. Endurece su cáscara de plomo y se despide de una despótica e injusta vida.
Anoche vi cómo amanecía… Se me hizo tarde buscando respuestas y al final no hallé ninguna. Clareaba a lo lejos. Todo había acabado. La luz dibujó el mundo; un paraje repleto de dolor y confusión: el dolor de quienes viven confundidos y la confusión engendrada por tanto dolor. El sol imponiendo un nuevo día en este páramo gris. No obstante, iluso y abatido, caí arrodillado y me creí por completo aquel cuento. Confié un día más en los hombres, relucientes bajo aquella nueva claridad. Mis temores se disiparon y de nuevo miré hacia arriba, confiado. Sé que me engaño… pronto anochecerá y el mundo volverá a enloquecer. Aunque, por ahora, trataré de ser uno más.
La luz se apaga y el Ciego se convierte en Dios. Todos los astros giran a su alrededor, piden clemencia y le declaran su más sincero amor. Más tarde amanece y el mundo cambia: ¡Que Dios salve al pobre Ciego… los astros quieren su muerte!
sábado, 22 de mayo de 2010
Albor
Tardes de primavera y desatino,
noches de calma y tempestad;
mañanas a deshoras escondidos,
promesas infinitas de no desesperar.
Luces que iluminan la ciudad,
idas y venidas en la esquina,
historias viejas por contar,
rostros vivos dispuestos a escuchar.
Ojos faros abiertos en la tempestad,
manos dispuestas a ayudar,
noche oscura y sendas de claridad:
vidas perdidas en el mar.
Locos que clavan la mirada,
miradas que transportan la verdad
de vidas apagadas,
dispuestas a volver a comenzar.
Arte guardado en los cajones,
ideas aún por inventar,
niños que descubren que están vivos,
ancianos que sonríen al expirar.
Finales que no terminan nunca,
inicios de latidos y su andar,
lunas que llaman a la puerta,
sueños que ayudan a viajar.
A. B.
sábado, 15 de mayo de 2010
Kapitán
¡Oh capitán, mi capitán!
De tierra, también de mar.
Hermano de hombres que vagan mundos,
Bocas hambrientas, entumecidos músculos.
Domador del pensamiento, tú,
Vomitas libertad en cada aliento.
Marinero en asfalto, hombre bueno,
Actitud de aprendiz, palabras de sabio.
Negro barbaje, espumoso brebaje.
Colegas, barbacoa y oleaje.
San Pedro nos abrió las puertas de la percepción,
Las Milnov fueron una dulce introducción al caos.
Quedan palabras, quedan viajes,
Queda una larga lista de homenajes.
¡Oh capitán, mi capitán!
Amigo… y mucho más.
l u i s c a
viernes, 14 de mayo de 2010
Yonqui
Necesito mi dosis y estoy durmiendo.
Si no me drogo, reviento.
Del mono recuerdo cada palabra, cada gesto.
A la mierda el resto.
Picores y dolor de espalda compartido,
La rubia perfecta: compañera y amigo.
Estoy enfermo. Yonqui soy desde luego,
Pero también camello.
Calada tras calada de tu boca y de tu pelo,
Ahora digo: contigo me quito el sombrero.
Chutes de abrazos verdaderos
Y la misma mierda y el mismo sendero.
La misma casa y el mismo suelo.
Ella está ahí, te juro que la huelo.
Esnifo sus pasos, me bebo sus huellas,
Me chuto, me drogo,
Su cuerpo, mi mapa de carreteras.
Me llena y corre por mis venas.
¡¿Qué es mejor que levantarme a su vera?!
Venga, otro chute. Sonrío porque estoy en mi nube, nuestra nube. La que llueve por nosotros, la que vive junto al sol.
l u i s c a
martes, 4 de mayo de 2010
No estamos solos.
No estamos solos,
no somos sordos,
ni mudos, ni cojos,
no estamos locos,
ni cuerdos, ni ciegos.
Y cuando lo seamos…
¡No nos lo creeremos!
¡Tenemos tantas ganas…!
Lucharemos por mañana,
para que sea mejor que hoy,
y hoy no descansaremos…
¡No! ¡Resistiremos!
Minuto a minuto,
sin miedo al adiós.
Paso a paso,
siempre en camino.
Una sonrisa bien vale una vida,
regala tu vida.
Eterna esperanza,
llama siempre viva.
¡No estamos solos!
Si no hay nada estás tú,
si no hay nada, estoy yo,
y no hay mayor todo
que tú y yo,
juntos: los dos.
mudos, cojos,
muy pequeños, muy débiles,
locos, cuerdos,
frágiles,
infinitamente ciegos.
Todos somos todos,
¡Y no nos olvidaremos!